viernes, 5 de febrero de 2010

seminario de contact improvisación (ci) o la ansiedad mató a la danza

Finalmente terminó el seminario. Como todo final, me pone un poco triste, sobre todo porque cuanto más aprendés, más te queda por aprender. El maestro fue un gran maestro. Se llama Otto Akkanen y es de Finlandia. Dio mucha información pero no demasiada. La información excesiva no sirve, abruma. Enseñó el ABC del movimiento y del espacio, cosa genial y genial, fundamental para cualquier danza y deporte. Ahí está el punto. Creo que lo que aprendí no se limita al contact si no que más bien me sirve para andar para la vida, para caminar, para bailar cualquier cosa. Contó el maestro que Steve Paxton, el que empezó con la técnica, escribió que sus reflexiones acerca de lo que culminaría en el CI empezaron cuando, siendo bailarín en la compañía de Merce Cunningham, se preguntó acerca de cómo hacía para llegar de su casa a la clase de danza. Parece una pregunta de fondo, de la raíz del movimiento y creo que un poco así es la pregunta que abre el contact: una pregunta de origen.

Tengo que confesar que al principio no me gustaba para nada el contact. Mi primer contacto (valga la redundancia) con el contact fue en el 2005 cuando tomé una clase con Gerardo Litvak en el Centro Cultural Rojas. Justo antes de mi clase había una de contact y para mí la técnica no era más que un grupo de hippies delirantes semidesnudos peludos con olor a pachuli. Una vez más, vencí el prejuicio. Ahora el contact me parece no sólo una herramienta muy útil para el movimiento si no también una danza hermosa de bailar e, incluso, de mirar. El CI parece un arte marcial social o una escena de lucha libre pácifica y en cámara lenta. Los bailarines de contact son los humanos más parecidos a gatos que vi en mi vida. Tiene una sutileza y una delicadeza casi felina. Me hace acordar a un fragmento de Cartas a un joven bailarin en el que Béjart escribe "Aprendí a bailar mirando a mi gato".

Hay algo muy complejo y delicado en el contact: el contacto mismo. Igual que en el tango, la distancia es poca y si no hay química o no hay entrega puede ser absolutamente desagradable. Este seminario me hizo pensar mucho en la ansiedad y la danza. La ansiedad mata a la danza. La danza es un medio de comuncación y si hay ansiedad no hay mensaje, hay confusión. Cuando se baila de a dos puede ser una catástrofe, porque aca no es solo la música o el público, es el otro bailarin. La ansiedad hace imposible el contacto porque nos vuelve sordos: no escuchamos ni el ritmo interno ni el movimiento del otro. Un compañero ansioso puede ser un trago bastante amargo y si nos ponemos ansiosos le jodemos la danza al otro. Para eso hay dos alternativas: un ansiolítico con el café con leche antes de la clase o permitir que la danza misma nos ayude a bajar los decibeles. Solo si hay calma el contacto puede ser agradable.

El contact en sí es pura calma. Por un lado, porque hay otro cuerpo cerca y según Grey's Anatomy el contacto con otra persona hace liberar endorfinas y otras cosas que nos hacen sentir bien. Es ciencia televisiva, no es joda. Por otro lado, el silencio. La música es de las cosas que más amo, pero me exacerba y me excita: si es triste, soy la persona más triste del mundo, si es feliz, reviento de alegría. Cuando bailo en silencio, en cambio, me vacío completamente. Amo la música y para quererla tanto a veces necesito el silencio, a veces necesito que no me esté marcandome el ritmo. Me gusta vaciarme y seguir mi propio ritmo, mi respiración y la de mi compañero. Es muy lindo lo que pasa, es de esas cosas tan bellas que como no sé que mote ponerle, sencillamente escribo que parece magia.

Hay pocas cosas más lindas que bailar con alguien, cerrar los ojos y ni enterarte de dónde estás o de qué estás haciendo. Olvidarte de todo, del espacio, del tiempo, del otro, de vos mismo, de la propia danza. La entrega total es un requisito básico. La calma es parte de esa entrega. Bailar no es hacer un despligue de virtuosismo: cargadas y velocidad no son necesarios para hacer una danza hermosa. Con el tiempo estoy empezando a creer que el que más sabe menos necesita mostrar, porque lo bello a veces ni siquiera esta en lo que se ve por resultado, si no en el recorrido de lo más pequeño y simple.


No hay comentarios:

Publicar un comentario